La apasionante historia del árbitro que dejó atrás su vida en Corea del Sur para convertirse en el primer juez no estadounidense en la NBA

2023-11-29

 

 

La apasionante historia del árbitro que dejó atrás su vida en Corea del Sur para convertirse en el primer juez no estadounidense en la NBA

Intae Hwang dirigía en su país y le iba bien, pero como cualquier jugador, quería hacerlo entre los mejores. Por eso trasladó su familia hasta Nueva Jersey en 2020 y tuvo su recompensa en 2023

 
Intae Hwang acarreaba una extensa experiencia en su país y a nivel FIBA  (Photo by Michael Reaves/Getty Images)Intae Hwang acarreaba una extensa experiencia en su país y a nivel FIBA (Photo by Michael Reaves/Getty Images)

Tenía 13 años cuando se cansó de esperar su turno para jugar al fútbol en la escuela secundaria a la que asistía en Masan, Corea del Sur, y decidió probar suerte en un aro de básquet que estaba vacío en un rincón del polideportivo que tenía el colegio. Así empezó a jugarlo en una época en la que a su país todavía no llegaban los partidos de la NBA y aún faltaban cuatro años para que se creara la liga nacional coreana. Seis años después tuvo un segundo encuentro que marcaría definitivamente su destino, cuando un estudiante de último año de la Universidad de Estudios Extranjeros de Busan le tomó una prueba improvisada de reglamento y lo dejó en ridículo. Se trataba de un árbitro amateur e Intae Hwang la pasó tan mal que se estudió el reglamento en pocas semanas y ahí terminó de picarle el bichito de dirigir

 

 

Aquellos dos momentos resultaron la semilla plantada que, con el tiempo, tuvo sus frutos. Hoy aquel adolescente es el primer juez no estadounidense que dirige en la NBA. Claro, para eso debió transitar un largo camino, con varios obstáculos, pero que pudo ser posible por la determinación y ambición del protagonista, reflejada en aquel día del año 2020 cuando dejó todo en su país para perseguir su sueño. Un sueño de pocos…

 

No fue nada fácil para Hwang, que primero tuvo que lidiar con la preferencia de sus padres, que le pedían que hiciera otro deporte, no el básquet. Pero él, tan pasional como disciplinado, pidió paciencia. Lo jugó hasta cuando pudo y luego arrancó en el referato, desde bien abajo, hasta que llegó a la liga coreana (KBL) y de ahí dio el salto a pitar en torneos FIBA. Dirigió el Mundial 2019 y su gran momento llegó en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, donde llamó la atención de los administradores de árbitros de la NBA cuando pitó la final femenina.

 

 

 

Básicamente de Monty McCutchen, ex juez de larga trayectoria en la NBA, que hoy es el jefe de desarrollo y entrenamiento de los árbitros de la NBA. McCutchen, viendo la diversidad de jugadores que, desde hace décadas, llegan a la NBA, pensó “¿y por qué no empezamos a sumar nosotros a árbitros internacionales?”. Pero, claro, para eso debían darse pasos nada sencillos, por lo menos por ahora.

McCutchen decidió pagarle un salario a Hwang, pero no le garantizó un trabajo de tiempo completo. Sin embargo, el coreano tomó la decisión de mudarse a 11.000 kilómetros de su casa. Era enero del 2020 cuando trasladó a su esposa, Heejung Kang, y sus dos hijos a Fort Lee, Nueva Jersey, para poder aceptar aquella invitación para el Programa de Desarrollo de Árbitros de la NBA, que capacita a árbitros de la NBA, la WNBA y la G- League. Como parte del proceso, tenía que asistir a clases de instrucción y sesiones de revisión de videos mientras arbitraba juegos pro-am en un gimnasio de Secaucus YMCA.

 

Nada fue fácil por aquellos tiempos. El mundo vivía en pandemia y en medio de esa época, de cuidados extremos y del shock cultural que significa cambiar de país, tuvo que además obtener una visa de trabajo para permanecer en Estados Unidos.

Intae Hwang, en acciónIntae Hwang, en acción
 
 

“No todo el mundo está dispuesto a soñar en grande”, resumió Monty McCutchen en una nota con el diario Washington Post. Y luego agregó: “Por suerte Intae estaba dispuesto a arriesgarse por el arbitraje y por la felicidad colectiva de su familia. Tuvo el coraje de pensar que podía lograr grandes cosas”. Las palabras de Hwang hablan de perseguir un sueño, pese a cualquier dificultad. “Si cualquier árbitro en el mundo recibe una carta de la NBA, decidirá venir sin siquiera leerla. Yo no lo dudé ni un segundo”, aseguró, en primera instancia.

Otra parte de la explicación tiene que ver con la pasión por lo que hace. “Arbitrar es una especie de adicción”, admitió Hwang, quien experimentó las idas y vueltas típicas de una profesión bastante ingrata. “Me pasó de sentirme mal después de algunos partidos. La gente me gritaba, insultaba... Me ha pasado hasta de olvidarme de algunas reglas durante un juego. Fue terrible. Quería mejorar cada vez más. Quiero ser perfecto, pero con el tiempo aprendí que nosotros, los jueces, no podemos ser perfectos. Sólo podemos ser excelentes”, comentó.

 

 

 

 

Mucho tuvo que ver la famosa templanza oriental, en su caso relacionada con otro deporte que practicó, el taekwondo. Hwang asegura que vuelve a ver videos de partidos al menos cinco veces, estudia minuciosamente las guías de arbitraje y se adhiere a una estricta rutina el día del juego que incluye estiramientos, entrenamiento con pesas, ejercicios cardiovasculares y una reunión con sus compañeros árbitros.

 

 

Esa devoción por su oficio ayudó a Hwang a completar el programa de tres años en 18 meses y le valió un trabajo como árbitro de partidos de la G-League, la competencia de desarrollo de la NBA, durante las últimas dos temporadas. De los 61 jueces de la G-League en la temporada pasada, Hwang fue uno de los ocho nombrados como no perteneciente al personal, una designación que le permitió trabajar en un número selecto de partidos de pretemporada y temporada regular de la NBA. Ahora, directamente, la NBA decidió cubrir un puesto vacante justamente de este grupo selecto al que pertenece Hwang y lo nombró árbitro a tiempo completo para la temporada 2023-24.

Cuando llegó al programa, Hwang tenía mucha más experiencia en juegos que todos compañeros de clase, luego de tantos partidos pitados en su país y torneos internacionales, pero tenía claro que eso no era lo único. Tenía que adaptarse, cerrar brechas culturales. Sus instructores de la NBA enfatizaban en la necesidad de establecer una buena relación con los compañeros de equipo y los jugadores. Hwang siguió su mentalidad y disciplina para tomar notas mentales sobre las familias de sus colegas para entablar pequeñas conversaciones durante las comidas. Habla cinco idiomas (coreano, inglés y un poco de chino, japonés y turco), pero elige cuidadosamente sus palabras para evitar errores o faltas de comunicación. “El idioma y la cultura son un shock. Sería lo mismo si fuéramos a Corea del Sur. Intae hizo un trabajo maravilloso al asimilarse a la cultura de nuestro básquet”, elogió McCutchen.

Intae Hwang, en el partido entre Charlotte Hornets y Washington Wizards (Photo by Jared C. Tilton/Getty Images)Intae Hwang, en el partido entre Charlotte Hornets y Washington Wizards (Photo by Jared C. Tilton/Getty Images)
 
 
 

La adaptación social ha ido de a poco, como le pasó con sus hijos. Hwang invitó a ambos a uno de sus juegos de pretemporada y ahí experimentaron el ambiente. “Árbitros, son mierda”, gritó la multitud y ellos, sin saber qué decían, se sumaron a los cánticos. Hwang los vio y no pudo contener la risa.

En todo momento, sobre todo los más difíciles, Intae rememora sus raíces y cómo se aferra a quienes le marcaron el camino. Recuerda “la ética de trabajo y paciencia” de su padre, Jungik Hwang, un pequeño empresario jubilado. Y de su madre, Jaeryeun Jung, ama de casa, la importancia de una buena comida, “clave para inspirar sentimientos cálidos”.

 

 

La imparcialidad absoluta es otro de sus valores, que cuida hasta el detalle, como el negarse a nombrar a su equipo coreano favorito, a una leyenda NBA que lo haya marcado, un árbitro referente e incluso a la comparación entre las reglas de la NBA y la FIBA, por el temor a expresar una preferencia que podría dañar las relaciones con los entrenadores o jugadores.

 

 

 

Tampoco quiere que lo vean como alguien especial. O como un pionero del referato extranjero en la NBA: “No soy una estrella de nada, apenas un árbitro. Un actor secundario de un deporte hermoso”.

 

 

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Fuente:infobae.com/